Una Boda bonita, Eugenia y Pablo

“Cuento los días con los dedos de las manos y de los pies. Ya quedan menos, casi nada. Jamás imaginé que me importaría tanto, que llegase a ser importante. Un día, solo es un día, solo es un papel, solo es una palabra. Palabras que te digo todos los días y, si no las digo, las pienso, y, si no las pienso, las siento. Palabras que llevan tu nombre escrito a fuego, ¿he dicho yo eso? De repente me doy cuenta del motivo que me ha traído hasta aquí, qué absurdo, qué maravilloso. Pienso en la vida, a estas alturas, mientras mi madre observa desde su rincón de la habitación, mientras un pincel recorre mi mejilla, pienso en la vida. Es corta, es complicada, eso ya lo sé, ya lo sabemos. Pero hoy el sol quiere abrirse paso a toda costa, creo que quiere recordarme que sí, que vale la pena sonreír, emocionarse por un vestido, dejar que los nervios manden por un día, permitirle a esas famosas mariposas que entren a volar por mi garganta y anulen lo que me queda de lógica, que se lleven la cordura, creo que es su alimento. Sencillamente porque te quiero. Y ya está. Y pienso en qué no importa lo que pase a partir de ahora, porque hoy estamos aquí, estamos juntos, tú y yo, y la vida vendrá como tenga que venir, pero hoy y aquí, estamos juntos. No dejo de preguntarme qué estarás haciendo ahora, quién estará pendiente de ti; yo tengo muchas hadas madrinas a mi alrededor, me siento querida, eso es muy bello ¿verdad? Y vuelvo a pensar en la vida y entiendo, entiendo que eso es lo único que importa, el amor. ¿Te das cuenta de la cantidad de amor que hay hoy aquí?, nuestros amigos, nuestra gente, están por ti y por mí. Y al final entiendo que hoy es eso, es nuestra Boda pero no lo es, es una celebración del amor, para recordar lo importante, para regresar al presente, para estar, parar sentir, para llorar y reír, es un día para vivir. ¿Te has dado cuenta? Estamos celebrando la vida y no puedo ser más feliz. Quiero tatuarme en el alma cada momento para que no se borren jamás de mi memoria. Me miro al espejo y me descubro sonriendo, además estoy guapísima, te voy a gustar mucho, me vas a gustar mucho, pero de eso ya hablaremos, después, a solas. ¿Qué estarás haciendo ahora? Creo que escuchas mi mente, tiene que ser eso. Me entregan una carta, una carta con tus pensamientos, te preguntaba por ellos y me entregan tu carta, tus emociones convertidas en palabras. No te voy a contar nada, ya sabes lo que dices y además sabes cómo decirlo, sabes que no quiero llorar, y también sabes que sería imposible quererte más.

Me siento bendecida. Yo te conocí y tú me conociste a mí. Me miraste a los ojos, dijiste que eran tuyos, que me los robabas, que los llevarías para siempre en el bolsillo, que los usarías para mirar la vida a través de ellos, porque ya no la imaginabas de otro color. Y yo te robé la sonrisa, la guardé en mi pecho, para calentarme el alma y jamás volví a sentir frío. Y comenzamos a querernos, despacito, cosas del miedo, cosas de la vida, de esa vida que imaginamos peor de lo que es en realidad, de esa que nos lleva a medir las distancias, porque el pasado no fue muy bueno, porque el futuro asusta un poco. Hasta que decidimos perdernos entre ganas de piel y risa, entre ganas de vida de verdad, de la que se vive sin mirar a los lados, de la que te recorre el cuerpo entero y te atraviesa los sentidos. Y el miedo escapa corriendo, porque no tiene sitio, porque ya no es dueño, ahora es el amor el soberano de este reino. Nos perdimos para encontrarnos. Y fuimos construyendo sueños, pequeños sueños, los nuestros, sin darnos cuenta estábamos escribiendo una historia, una sola; y nos llegaba un sofá y nos sobraba una manta; y los días pasaban y los días sumaban. Un anillo, me sorprendiste con un anillo y una promesa, una promesa en el tiempo, pero, ¿qué importa el tiempo en realidad, cuando en realidad nunca ha sido ni será nuestro? ¡Quiero!, claro que quiero, porque quiero el momento, tocarlo con los dedos y con tu boca, ahora que es nuestro, eso es lo que tenemos, el momento, y es nuestro, y quiero. Quiero tus manos robando espacio en mi cuerpo, quiero tus camisas mezcladas con mis zapatos, quiero confundirme de taza en el desayuno y que te enfades y yo más, y que me beses y yo más; quiero silencios que no molesten, quiero tardes aburridas de domingo y amaneceres que no se puedan contar a los nietos, quiero secretos, quiero atarme a ti, quiero que sigas oliendo mi pelo, quiero seguir tirada sobre tu pecho, quiero estar aquí, quiero libertad, quiero vida. A ti, te quiero, de verdad.»

Eva Villamar

Mi bella Eugenia:

Me conquistó la verdad de tus ojos el primer día que me contaste tus ideas, una Boda sencilla, personal y especial, como tú, como vosotros. Me conquistó tu madre y su energía desbordante, su belleza sin disfraces. Y me rendí. Desde ese día hasta el día de tu Boda procuré cuidar de ti todo lo posible y creo que, al final, lo conseguimos, todo salió precioso, tú estabas preciosa. Solo me queda darte las gracias (y te las daré una y mil veces) por dejarme hacer trenzas sobre tu melena, por dejarme maquillar sin maquillar, para que brillaras tú y solo tú. Gracias por sonreír siempre, gracias por tu cariño, gracias por seguir en mi vida. Gracias por tu luz, lo inundas todo cuando entras, por si no lo sabías. Espero que estas letras os gusten, son mi pequeño regalo. Y mis deseos de alegrías infinitas y de risas sin final.

 

 

Eva Villamar

4 comentarios en “Una Boda bonita, Eugenia y Pablo”

  1. Mi Eva, no tengo palabras para expresar lo que me han transmitido tus palabras, qué bonito, has escuchado mis pensamientos!! Que detallazo, me lo guardo
    Gracias a ti por ser una persona increíble, un valor añadido a lo buena que eres haciendo lo que haces, ya sabes que estoy en tus manos para siempre!

    Un beso enorme Eva

    1. Pero qué cosas más bonitas me has dicho!! (y pensar que mi filtro te había enviado a spam!!) Perdona por no responderte antes, por favor!!
      Eres un amor de persona de pies a cabeza y soy muy feliz, mucho.
      Gracias para siempre, mi Eugenia hermosa!
      EVA

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