La Boda de Noelia y Fran, y el sabor de la ilusión

La Boda de Noelia y Fran, y el sabor de la ilusión.

No siempre tengo la oportunidad de conocerlos a los dos, pero cuando sucede, me encanta. Disfruto siendo partícipe de las alegrías comunes, de los nervios comunes y, disfruto mucho, muchísimo, de todo lo que desde fuera puedo observar, como espectadora privilegiada. Por supuesto que ellos saben lo que quieren, están a punto de casarse, pero ¿lo saben con la certeza que lo sé yo? Por si acaso se lo cuento aquí y ahora, además aprovecho para mostraros, primero, parte de las fotografías de su Boda y después las imágenes de su Postboda (todas ellas de mi querido Pepe Faraldo). Os muestro, orgullosa, a mi Noelia, mi linda y bonita Noelia, y os hablo de ellos, de lo que vi, de lo que viví. Y lo que queda por venir, porque, para esta genial pareja, esta Boda solo ha sido el principio…

Recuerdo la primera vez que la vi. Me fascinaron sus ojos, sus pómulos, ya estaba maquillada en mi cabeza y de mil maneras, pero, sobre todo, llena de luz y con un acabado de piel muy pulido. Unos rasgos así de especiales no se ven todos los días. Su miedo, el de la mayoría de mis Novias, siendo tan joven con más motivo, no verse disfrazada, no sentir que un recogido le ponía veinte años encima o demasiada seriedad. Pero yo adoro peinar despeinando más que la vida misma, así que nos entendimos perfectamente.

Me contó que se casaban en el Pazo de Mella, que Pepe estaría con su cámara rondando y obrando su magia, me fue contando todo, sabiendo que ella quedaba al frente del barco. Por motivos que no vienen a cuento, el novio, Fran, no podía estar presente durante gran parte del proceso de preparación de la Boda. Pero estaba, de un modo u otro, estaba con ella. Por fin pude conocerlos. Los vi juntos. No os hacéis una idea de lo feliz que me hace corroborar en persona lo que mi romántica mente siempre quiere imaginar, amor saliendo por los poros. Y cuando lo veo, cuando lo percibo con tal claridad, soy feliz. Miradas llenas de complicidad. No, eso es demasiado simple, porque en realidad estoy tratando de describir esa forma de mirar en la que sientes que lo único que le importa es que ella esté bien, que él esté bien, que cada uno de ellos solo está pensando en el bien del otro, que se cuidan, porque quieren más luz en los ojos que miran que en los propios. Esa manera de mirar, en la que la piel no llega, las palabras no son suficientes, y nace la necesidad de un anillo. No es una formalidad, no es una obligación, es un lenguaje, una forma de decir en el idioma más profundo y comprometido todo lo que se siente, una manera de contar todo lo que se quiere compartir, una vida, nada menos. De la mano, del tobillo, de lo que haya y como sea, pero agarrados, aunque sea desde lejos, juntos. Si, ellos me transmitieron eso en cuestión de segundos, sin necesidad de decir nada. ¡Y cuanta felicidad me contagiaron!

¡Qué cariño le tengo a esta foto!, Noelia quería su “cocktail azul”. Ninguna de las dos recordábamos el nombre, pero Jorge de Cousa Rica (Cocktail Bar), si sabía de lo que le estaba hablando, son sus deliciosas creaciones. Y, con sumo cariño, elaboró una hermosa copa azul para una hermosa Novia, un último soplo de color antes de la Ceremonia.

Entre vientos del norte, piedras y verdes árboles, esperaba él, con los nervios como traje y la ilusión queriendo tomar las riendas. Noelia llegó espléndida, porque el vestido le sentaba de infarto, un modelo de Pronovias que parecía un guante moldeado para su silueta. Perfecto, elegante. Era ella, Noelia, vestida de novia, sin artificios, sin mentiras, en toda su belleza y juventud.

Os prometo que cuando llega el momento de dejar a novias así, a parejas así (yo salgo por algún rincón mientras todo comienza), me llevo un hermoso nudo en el estómago que me da de comer días y días. Un nudo tejido de ilusiones y ganas de vivir bonito, que me recuerda que el amor bueno existe, no es un mito, no es leyenda, que requiere trabajo y esfuerzo, si, pero que, sin duda alguna, merece la pena. Porque llena, ese amor es capaz de llenar una vida entera.

Y llegó la risa, y llegó la fiesta, hasta que el cuerpo no pudo más. Los Novios siempre me cuentan, al regresar, lo rápido que pasa ese día. Un día que tarda tanto en prepararse, vuela, parece escaparse de entre los dedos. Supongo que cada día de la vida es así, sobre todo esos días en los que todo sale bien, en los que darías lo que fuera por contar con una manecilla especial en el reloj que detuviera el tiempo o, al menos, permitiese repetirlo de nuevo. Pero la magia real consiste en que la vida posee la capacidad infinita de seguir sorprendiendo, con nuevos momentos.

Pero es cierto, una Boda vuela. Por eso me gustan tanto los profesionales de la fotografía que no rompen el tiempo, que fluyen con las horas y pescan los instantes al vuelo. Porque las fotografías de pareja pueden hacerse otro día. Y aprovecharlo, para jugar. En este caso, Noelia y yo jugamos a poner más color en los párpados, más luz en las mejillas, a dejar el cabello suelto y ondulado. Se volvió a vestir de blanco, se volvió a dejar caer en sus brazos, ya con las alianzas en sus manos. Y juntos, tuvieron otro día para soñar, para reír, otro día de vida a su lado. Porque, como os contaba al principio, esta es la historia de un comienzo, el comienzo del más bello de los cuentos… Y fueron felices…

Eva Villamar – Maquilladora que escribe

Noelia, hermosa mujer, gracias es poco. Eres tan increíble, dulce, cariñosa, agradecida, generosa, ¿he dicho increíble? Gracias por confiar en mi tu mágica belleza, por dejarme trabajar, por estar a tu lado, por todo. Soy afortunada, sin duda. Vais a ser muy felices, porque os lo ganáis cada día, porque si, porque lo digo yo y punto. ¡Feliz amor, pareja!

Cuidamos de ellos (y más gente bonita):

Eva Villamar

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