La sonrisa de una novia feliz, María

Curioso, María, mi bella María, escribo este texto para ti mientras contemplo caer la lluvia desde mi ventana. Pero no es esa lluvia lo que recuerdo del día de tu Boda. Lo que recuerdo, por encima de todo y de todos, es tu risa, tu maravillosa risa, infinita, sincera, cálida. Una risa que consiguió borrar de la mente de todos nosotros el aguacero que estaba inundando Coruña en pleno verano. Porque nada se podía hacer, tú lo decías, porque era tu día, el vuestro. Y una vez más yo me llevo mi lección de vida para casa. Si la solución de un problema no está tu mano solo toca disfrutar se pinte el cielo como se pinte, o se ponga la vida lo cuesta arriba que se quiera poner.

Porque una Boda es alegría, es esa vida que se quiere atrapar con los dientes para no soltarla, porque es bonita y es frágil. Y en esa fragilidad puede que resida su belleza. Uno nunca sabe hasta dónde llegará el amor, pero lo que puedo constatar es lo grande que es ese sentimiento en el momento en el que yo lo veo, porque lo veo, reflejado en los ojos que maquillo, que de tanta luz que desprenden sobran los colores. Alegría, en un cuerpo que se ha relajado de pura dicha, porque no hay miedo que pueda llevarse la ilusión. Así nacen las historias buenas, mecidas en medio de corazones nobles que se encuentran en mitad de la lluvia para completarse, para sacar lo mejor del otro, para crecer, para vivir.

Y mis felices manos se ocuparon de la infinita melena rizada de María, y de aliarse con ese rostro afable y cariñoso. Aunque en realidad fue ella la que se ocupó de mí, regalándome optimismo, y luz, mucha luz. Porque ella, esta mujer admirable, es ese tipo de personas con la capacidad de iluminar un lugar, un día, una vida. Así que gracias, por prestarme esa luz, por dejarme estar y mucho más (ya hemos hablado), y por dejarme contar, escribir (un pequeño relato para los dos, para ti…).

“Si me duele te busco, te miro, escucho tu voz, no quiero más. Si me alegro te busco, te abrazo, escucho tu risa, no quiero más. Porque lo tengo todo. Qué fácil es decir algo tan grande. Qué sencillo parece algo tan milagroso. Sí, es milagroso, encontrarse, verse, sin mentiras, transparente, es milagroso. Este mundo parece no querer entender que lo bello nace inocente, que existe y se puede conservar. Este mundo se empeña en teñir de gris la verdad. La verdad más grande, más rotunda, qué nada tiene sentido en soledad. Que para conocerse a uno mismo hay que dejarse mirar. Que el cuerpo no sana, que hasta la sangre se para, sin hogar. Que hasta la voz parece un eco sin otra voz. Que nada tiene sentido, sin amor. A veces siento que soy el único que ve la luz con la que tu sonrisa ilumina el mundo. En realidad no importa, es un privilegio, es nuestro secreto. Te susurro bajito que sin ti muero, no es verdad pero es cierto.

Es sencillo, llegar hasta aquí. Tomarte de la mano y seguir creyendo. Tendré que esperar un poco. Intento imaginarte, envuelta en telas que no podrán esconderte de mí. Sé que atarás tu cabello, porque eres así, sin más. Me gusta sospechar que lo haces pensando en mí, sabes que entre tu infinito melena y el sabor de tu risa he construido mi casa. Me gusta pensar así. Me gusta verte feliz. Te lo dije, siempre, el día que falte tu sonrisa me perderé. Imagino esos barcos navegando en medio de una noche oscura, buscando encontrar la luz que les rescate. Tú eres esa luz, me rescatas, cada día. Sin quererlo, es la forma más hermosa, no pretender, simplemente ser. Tú eres, yo soy. Juntos uno, no dos. Ansío el momento de verte, con los nervios atravesando mi garganta, sé que tú estarás bien porque naciste con el don de la alegría pegado a la piel. Me sobran razones y me falta tiempo para que llegue el momento. Para que nada ni nadie… esto suena antiguo, pero es honesto, es lo que vamos a jurar, que nada ni nadie nos separará jamás.”

Eva Villamar – Maquilladora profesional y escribiente feliz

 

Nunca una sesión de postboda había tenido tanto sentido. María, gracias infinitas por permitirme dejar suelta tu hermosa melena, me hiciste muy feliz. El maquillaje, ¿para qué cambiarlo? ¿para qué cambiarte?

Ya todos habéis visto que es verdad. La sonrisa de María es inagotable. Una vez más, mi trabajo me deja quedarme con personas, me deja construir recuerdos, me hace feliz. Gracias María, una y mil veces.

 

Quienes cuidamos de María:

Eva Villamar

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