Laura, una Boda y un baile

«Hoy estrenaré zapatos, mis preciosas sandalias. Las he buscado altas, muy altas, para que sean mi escalera, hacia ti. Para poder besarte mejor, para poder llegar hasta tu oído y contarte lo que solo quiero que escuches tú. Hoy me vestiré de encajes, escotes escondidos, caminos camuflados, un juego, el nuestro. Me dejaré mimar, me pintarán los labios de color y los ojos de negro. Llevaré el pelo recogido, los botones de mi espalda te explicarán la razón. Hoy será un día diferente, me sentiré distinta, seguro, supongo que como tú. Pero no estaré nerviosa, solo algo inquieta. No puede ponerme nerviosa hacer lo que quiero, estar contigo. No mentiré cuando me pregunten, diré que sí y será de verdad. Porque hace tiempo que mi sonrisa te pertenece, porque tú la buscas cuando la vida la quiere esconder. Hace tiempo que mis días empiezan y terminan en tus brazos. Que cuando no estás, dejas un espacio que antes no existía. Porque el amor bueno es eso, bueno, no se finge, no se sufre, no se llora. Se disfruta, se siente, se ríe. Se vive.

Así que quiero mis zapatos, quiero mi escalera. Hoy no puedo subirme a tus brazos para entrar en la Iglesia, pero en cuanto pueda lo haré. Porque no puedo imaginar un lugar mejor en el que dejarme caer. Cuidaré de ti, todo el tiempo, mientras el día nos saca los colores y los recuerdos, mientras la vida se detiene para enseñarnos su lado más bello, ese en el que hay espacio para los sentimientos. Un rincón en el mundo solo nuestro. Y en medio de la nada, me dejaré mecer por la música, con tus manos en mi cintura, con tu cuello haciéndome sitio, contigo. Nos dejaremos llevar, como acunados por la nana más romántica. El reloj detenido, los colores más hermosos, el aire limpio, tú. Y mientras, tendremos que recordar atar muy bien este momento a nuestra memoria.

Pasará el tiempo y tú sabrás lo que hacer y yo entenderé. Entenderé que por muy arriba que haya que subir en la vida, por mucho que las cosas puedan llegar a torcerse, solo tendrás que agarrar de nuevo mi cintura, solo tendré que sostener tus hombros, y volveremos a escuchar sonar nuestra canción. No me sueltes nunca, yo no lo haré.»

FIN (en realidad… el COMIENZO)

Eva Villamar

 

Preciosa, gracias por ser tan especial, tan dulce, tan cercana. Por brindarme recuerdos fantásticos que guardaré siempre. Por hacerle sitio a mis pinceles y cepillos en el día de Boda, por hacerme sitio a mi. Recuerdo cuando me hablabas de tu vestido, de que llevarías pendientes largos, tu tocado, de que querías los ojos marcados, el cabello retirado y orquídeas por todas partes. Tu personalidad es fantástica, tu gente es increíble. Gracias de corazón, y no dejes de ser así, así de feliz.

Los que cuidamos de Laura:

 

Eva Villamar

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